Relato - Enanos de Taor - Parte I

Gunder miro a lo lejos, llevaba doce días en esa cima con dos enanos hermanos Boren y Biren, además de dos gnomos, Sulen y Devien; tenían que estar de guardia en el torreón por un mes y no era un trabajo fácil. Seguramente no pasaría nada, desde hacía más de cien años nadie había intentado entrar en el reino enano por las montañas y ese punto había sido seguro. Sulen repasaba el inventario de provisiones, otra vez, Devien arreglaba y limpiaba el torreón, mientras Boren y Biren se preocupaban del armamento. Algo llamo la atención de Gunder, un brillo, un destello, abajo, entre los pinos del valle que se extendía en la zona oeste.
- ¿Lo habéis visto? - Exclamo Gunder.
- ¿El qué? - dijo Biren mientras observaba la lejanía.
- Ese destello, como el brillo del metal en la oscuridad. - Gunder.
- Solo llevas doce días y ya ves cosas extrañas. - Añadió Boren, mientras reía con Biren.
Sulen que era más meticuloso que los demás no se tomo a risa la pregunta de Gunder y observo también muy atento. Al estar Gunder y Sulen tan atentos y serios, los demás enmudecieron, todos observaron la lejanía, pero no vieron nada.


Boren estaba de guardia, llevaba veinte días en esa cima, con el resto de integrantes de la guardia. Los días pasaban aburridos, sin nada que hacer, sin nada que rompiera la monotonía, el frio y las guardias cada día que pasaba se hacían más pesadas.
- ¿Que ha sido eso? - Dijo Gunder.
- El viento entre los árboles. - Respondió Boren.
- Venga Gunder, ¿En serio?, yo también quiero que pase algo, pero no invento. - Culmino Biren.


Llevaban treinta días cuando una mezcla de lluvia y nieve comenzó a caer, las temperaturas bajaron y el silencio lo cubrió todo. Estaba oscuro y apenas podían mirar por las ventanas cerradas del torreón.
- Esto no es natural - Dijo Devien.
- ¿Tú crees? - Inquirió Gunder mientras miro a través de la ventana.
- ¿Una tormenta de lluvia y nieve?, no es natural - Devien.
- Pues eso que no habéis viajado al sur, a las tierras de Zolarien. Allí sí que pasan cosas extrañas. - Exclamo Boren.
- Tú tampoco has ido al sur. - Le indico Biren.
- Si pero nuestro padre si fue y son muchas las historias que nos ha contado. - Boren.
- Para que nos fuéramos a dormir pronto, sin un buen cuento nunca dormíamos - Biren.
Ambos rieron al mismo tiempo que un trueno sonó con fuerza, todos se alarmaron y cogieron sus armas.
- Solo ha sido un estúpido relámpago. - Finalizo Sulen.


Cuarenta y ocho días habían pasado, las discusiones diarias eran parte de la rutina, agobiados, estresados y malhumorados, recibieron el relevo de los nuevos guardias, sin ningún tipo de informe, pues nada había sucedido. Todo normal. Dos semanas después cada cual en su casa, recibió la noticia que el torreón donde estuvieron había sido atacado por tropas enemigas del oeste, umaks que viajaban con armaduras de metal oscuro pero brillante, que aullaban en la oscuridad y acompañados por una especie de brujo de las tormentas. 


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